De papel cebolla (de la pantalla a la tinta)

Queridos lectores:

Quienes han llegado hasta aquí saben que esta novela ha sido, desde el principio, un viaje compartido. Durante meses he ido publicando los capítulos en este blog, dejando que la historia avanzara poco a poco, como avanzaban antes algunas novelas: por entregas, con espera, con paciencia, con esa pequeña complicidad de volver a una página para ver qué ha sucedido con quienes ya empiezan a formar parte de nuestra memoria.

Hoy quiero contarles algo importante.

El Capítulo 43 será el último de la novela y contará también con un Epílogo. Ninguno de los dos textos será publicado en el blog. Hemos decidido reservar el final de la novela exclusivamente para la edición impresa.

No es una despedida. Es, más bien, una invitación a cambiar de materia: dejar por un momento la luz de la pantalla y buscar el final donde quizá siempre quiso estar esta historia: en un libro de papel, entre las manos.

Decía un viejo amigo —Mauricio de nombre, librero de oficio— que no había nada como un libro en papel.

Era de esos que no vendían libros como quien despacha mercancía, sino como quien participa en una conspiración secreta a favor de la lectura. Tuve el enorme gusto de conocerlo hace ya muchos años, en mi época universitaria, cuando conseguir ciertos libros no era cuestión de escribir un título en una pantalla y esperar al repartidor.

Si uno llegaba a su librería a pedirle un libro y no lo tenía en inventario, Mauricio nunca decía “no lo tengo”. Eso habría sido demasiado pobre para él. Te prometía conseguirlo esa misma tarde o, a más tardar, al día siguiente; después tomaba su motocicleta y salía en ese mismo momento a buscarlo donde hiciera falta.

En una ciudad enorme, en años en que no todo estaba a un clic de distancia, aquello era casi un milagro cotidiano.

Para muchos estudiantes de mi generación, ir con Mauricio era tener una certeza: el libro aparecería. Tal vez no en ese instante, pero sí en menos de veinticuatro horas. Su librería no era solo un negocio. Era una forma de auxilio. Una pequeña trinchera de papel levantada contra la prisa, la falta de recursos y la angustia de no encontrar a tiempo lo que había que leer.

Un día, ya siendo consultor, me tocó hacer una investigación sobre un fenómeno emergente de la época: los libros electrónicos. Parecía que la tecnología abría una puerta fascinante: obras no solo con fotografías, sino también con videos, sonidos, gráficos dinámicos, juegos y caminos múltiples de lectura. También parecía entonces, en un mundo cada vez más preocupado por la sustentabilidad, que imprimir en papel podía llegar a verse casi como un atentado contra bosques cuya existencia parecía amenazada.

Mauricio escuchaba todo aquello con una mezcla de curiosidad, desconfianza y esa malicia cariñosa de los libreros que han visto pasar muchas modas por la puerta. Hasta que soltó una de esas frases que se quedan pegadas para siempre:

“Está muy bien todo eso, pero no hay nada como tener un libro entre las manos: una edición en piel de tafilete o badana, con lomos en altorrelieve, guardas de papel dorado y editada en papel cebolla. Es parte fundamental del placer de leer: sentirlo, acariciarlo. Ese cachondeo no se compara con nada. ¿Te acuerdas de lo que se siente pasar con las puntas de los dedos las páginas de papel cebolla de un tomo de El Quijote? Eso —palpar un libro, abrirlo, olerlo, sentirlo, pasar cada página— no te lo da ninguna pantalla.”

Tenía razón Mauricio. Los libros siguieron existiendo, los bosques no se extinguieron y ese viejo cachondeo con el libro entre las manos resistió, terco y estoico, como resisten las cosas que de verdad importan.


Por eso quiero que el final de esta historia llegue así: no como una entrada más del blog, sino como una última puerta abierta en papel. Quiero que esta novela forme parte de sus bibliotecas, que descanse en sus libreros y que llegue a formar parte de su acervo, si es que merecemos tal honor.

El libro se encuentra ya en proceso de diseño y gestión editorial. Esperamos que entre a imprenta en junio y, si todo avanza como deseamos, poder contar con los primeros ejemplares entre julio y agosto.

Su apoyo en este momento será muy importante. Reservar uno o varios ejemplares desde ahora ayudará no solo a financiar la impresión, sino también a calcular cuántos libros deberán formar parte de esta Primera edición.

El precio final de venta será de 25 euros, pero durante esta preventa podrán reservarlo por 20 euros.

Para hacerlo, es necesario rellenar el formulario que encontrarán debajo de estas líneas, llenar cuidadosamente sus datos generales —nombre, correo electrónico y teléfono con clave lada – e indicar el número de ejemplares que desean reservar – y nos pondremos en contacto con los datos para el pago y la logística de entrega.

Nos ayudaría profundamente que esta primera edición pudiera quedar reservada durante los meses de junio y julio. Sería una buena manera de cerrar este viaje: con el libro pasando de la pantalla al papel, y del papel a las manos de quienes han caminado conmigo hasta aquí.

Gracias por leer esta novela. Gracias por interesarse y esperarla, por acompañarla, por dejarse tocar por sus personajes, sus heridas, sus sueños y sus preguntas.

Ojalá la hayan gozado tanto como yo he gozado escribirla.

El final ya no estará en el blog.

El final los espera en el libro.

Benjamín Ruiz Cabañas Izquierdo


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5 comentarios en “De papel cebolla (de la pantalla a la tinta)”

  1. LOURDES GIMEZ UGARTE

    BENJA MUCHAS FELICIDADES
    TENIENDO EL LIBRO EN LAS MANOS SERÁ MAS INTERESANTE LEERLO
    MUCHAS FELICIDADES
    BESOS A PAU 🥰❤️

  2. La joya de la corona: el libro impreso. Me da mucho gusto saber que existirá la versión en papel (y lo quiero con dedicatoria), siempre supe que tu libro pintaba para algo grande. Así que, espero con ansias pronto tenerlo entre mis manos y disfrutar del último capítulo como quien se sienta a mirar el horizonte, sin prisas, solo disfrutando.

  3. Benjamín, como el placer del olor de un libro nuevo pasando sus hojas pocas cosas lo Supera

    Que todo vaya bien,a la espera de poder empezar a leer de nuevo el libro 📖
    Abrazo fuerte y un cariñoso beso a Pao.

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